lunes, 5 de octubre de 2009

Buenas noticias 3

Hoy he vuelto al trabajo.
Quizá sea, más que una buena noticia, conseguir hacer realidad una necesidad que tenía.
Como ya sabéis, la médico no ha querido darme el alta antes. No lo consideraba prudente. Y viendo la situación hacia atrás, con algo más de prespectiva, creo que tenía toda la razón. No estaba en condiciones para la rutina laboral diaria.
Ahora estoy algo más centrado, con menos altibajos, aunque todavía los hay y muy gordos, y la radio de mi cabeza se apaga poco a poco, como era previsible, así que me han dicho que ya no estoy peor que el resto de seres humanos, y que por tanto, puedo ser considerado como "apto para trabajar". Apto para producir. Uno más en el sistema.
Pues mejor, así tengo en qué entretener el día y no sólo en salir con la bicicleta a toda hora o en salir a pasear o a trotar por el río o a deambular por la sierra.

Lo mejor es que me han felicitado, tanto la médico como el psiquiatra, porque me han dicho que lo "normal" para mi situación son cuatro o más meses para "empezar a recuperarse", aunque no hay patrón fijo, y que, sorprendentemente, en un mes tengo la cabeza bastante bien amueblada. Y que hay quien ni en toda una vida lo supera. (Uf ... qué miedo me da).
No creo que esté ya bien del todo, pero está claro que el trabajo me ayudará a ocuparme mentalmente en otras cosas más productivas y no sólo en tener lástima de mí mismo. A fin y al cabo, yo hice siempre lo que creía y lo que sentía. ¿Qué más se podía hacer?. Nada tengo que reprocharme. Actué con coherencia y honestidad, como siempre.
La suerte quizá ha sido que la cabeza la he tenido siempre bastante bien amueblada. A mi gusto, pero ordenada, con las cosas y las prioridades bastante claras. Eso no lo puede decir todo el mundo. Y posiblemente es eso lo que me ha ayudado a pasar este trago tan "rápido".

La vuelta al trabajo no ha estado mal. Diría que amable e incluso calurosa. Los compañeros se han interesado por mi estado, mostrándose solidarios, y me han apoyado moralmente. Todo han sido ánimos y buenos deseos. Más de los que hubiera deseado, incluso. En el fondo, creo que me echaban de menos y les sabía mal la situación por la que estaba pasando. Por eso me llamaban estos días con cierta regularidad.
Al final tendré más amigos de los que pensaba. Hasta en el trabajo (jejeje). Eso es bueno.
Ahora hay que ponerse al día, que tengo muuuuuucho trabajo retrasado. Pero eso no me da miedo. Incluso me gusta.

Aunque la mala noticia es que debo continuar con la medicación hasta dentro de ... ¡¡8 meses!!. ¡Qué condena, con lo poco que me gustan las pastillitas!. Según me explicó el médico, a riesgo de sufrir una recaída si no la tomo, cosa que no pienso consentir. No quiero volver a como estaba hace unas semanas, ni se lo deseo a nadie. No merece la pena.
Debo tener más paciencia con las cosas. Renovarse o morir. Es lo que toca, ¿no?. Pues eso.

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