domingo, 6 de junio de 2010

Barranco de Bercolón. Al fin.

Pues sí ... al fin lo he hecho completo. Otra espinita que me quito. ¡Y menuda espinita! (jajaja). Y es que la relación con este barranco ha sido durante años un tanto "especial".

Me explicaré. El primer contacto que tuve con él fue en 1995, cuando tuve conocimiento de su existencia. Un compañero de trabajo me comentaba, no sin cierto estupor, que algunos "locos" bajaban este barranco acuático con cuerdas y otros artilugios. Ahí empezó mi curiosidad.
Infinidad de veces he subido por la pista que sale desde Zagra hacia Bercolón, siempre próxima al barranco, y que lo acaba por cruzar dos veces. Y otras muchas lo he cruzado en su cabecera, yendo y viniendo con el coche entre Aras y Sinarcas. Puf ... no podría decir el número de veces (jejeje).
La única vez que lo exploré un poco "a fondo" fue con un grupo de amiguetes allá por verano del 1997, sin material ninguno, e hicimos el trozo de unos 1000 metros entre rápeles, que sale al pie de la impresionante cascada de 28 metros y cruza el camino. Un tramo sin dificultades y una bonita cascada a la que se accede desde el camino, siguiendo aguas arriba el curso del río y pasando unas "escaleras" de piedra. El paraje es idílico.
Pero NUNCA, repito NUNCA, lo había bajado completo.
Y lo tenía pendiente, claro. Tan cerca y tan lejos.

Aprovechando un sábado "libre" y contando con la carrera de mañana domingo, que me obliga a evitar grandes excesos, me he vuelto a juntar con Marzo y su gente para hacer un barranco y nuevamente ha sido un éxito. Me encanta que las cosas salgan bien y compartir los buenos momentos.

Hemos quedado a las 8:15 en Chelva, Pilar, Salva, Paco, César, Marzo y Mario. Cada cual venía de donde podía y volvería a su antojo. Así que me he levantado a las 6:30 ... ¡y a Chelva se ha dicho!.
A eso de las 9:20 llegamos a Zagra y aparcamos al pie de la desembocadura del barranco en el río Turia. Preparación de material y reparto de mochilas. Lleva bastante agua. Eso es bueno. Vamos a divertirnos (jejeje).
Hay que subir por el camino que va hacia las casas de Bercolón durante casi 75 minutos. Hace algo de calor y me impongo buen ritmillo de subida. Pronto me endosan (para variar) el plano para poder llegar a la cabecera, que no tiene ninguna dificultad.
Llegamos a eso de las 11 y algo a la cabecera, donde nos espera, debajo de una gran losa de piedra, una poza con un salto de 6 metros de altura que Marzo se encarga de destrepar por un lateral para comprobar que hay suficiente profundidad. Hay un caudal más que decente y el agua no está demasiado fría. Llevo un neopreno de 6,5 mm que pesa mucho y que espero que merezca la pena haberlo cargado hasta aquí.
Almuerzo en el barranco, cervezas frías incluidas, y ... ¡empezamos!.

En la imagen lateral, podéis ver el croquis del barranco de Bercolón, que suele ser acuático, salvo prolongados períodos de sequía. Hoy tendremos agua asegurada. Más información del barranco aquí y aquí.

Algunos de mis compañeros son expertos espeleólogos, que hacen ocasionalmente barranquismo, y es curioso ver que las técnicas que utilizan para asegurar cambian ligeramente con las de barrancos. En general, son más cuidadosas con las cuerdas y más complejas. Me llaman mucho la atención y disfruto con lo que me cuentan. Tienen muchos años de experiencia y eso se nota (jejeje).
El barranco tiene 10 rápeles, alguno un poco técnico, y todos acuáticos.
El primero (6 m) y el segundo (3 m) los hemos sorteado saltando a la poza directamente. No hacía falta instalar.
El tercero (11 m) es un poco técnico, ya que hay que aproximarse en pasarela, con los pies a ratos en el agua, y con una roca pulida y mojada que resbalaba bastante. Como además era el primer rápel del día, se ha producido un momento "all-bran", pero breve. He pedido que no me ayudaran y al final, he conseguido salir yo solo del entuerto, siempre bajo la atenta mirada de Marzo. Al descender, había un trozo en volado que lo he disfrutado y ... ¡prueba superada!.
El cuarto rápel (20 m) se instala en un árbol a la derecha y el acceso se hace asomándonos al cortado, que es vertical. Me ha impresionado un poco, pero pronto estaba bajando como si nada (jejeje).
El quinto (15 m), sexto (6 m) y séptimo (28 m) son muy chulos. Están en una zona encajonada, donde hay pocas repisas en seco y muchos ratos esperábamos mientras se instalaba, dentro del agua, donde se estaba mejor, ya que hacía menos calor (jejeje).
El rápel de 28 metros (el más largo) es en su mayor parte aéreo y las vistas desde abajo son una preciosidad. Lo he disfrutado mucho. Mientras bajaba, el cachondo de Marzo ha retenido toda el agua en cabecera con el cuerpo y me la ha soltado, a modo "catarata" (jajaja). Todo esto en volado a más de 20 metros del suelo. Me he reído un buen rato, aunque me ha pillado de sorpresa el golpe de agua. Menudo subidón de adrenalina (puf).
Los últimos rápeles son también muy bonitos, pero prefiero estos tres anteriores. Quizá el noveno, que es el que da acceso a la cueva, sea destacable por la belleza del lugar, con una gran piedra encajada en el barranco, que forma una "cueva", donde el sol no entra en todo el día. El sitio es muy bonito, pero el rápel carece de dificultad. Es un paseo, aunque he tenido un momento de guarrazo contra la pared, cuando me he ido de lateral. Me faltaba apoyo en la pared y he juntado los pies ... ayyysss ... error de novatillo (jejeje).

Hemos terminado a eso de las 16:00 y me los he llevado a comer a la antigua piscifactoría de La Tosquilla (Titaguas).
Retirada a Tuéjar
a eso de 17:30, donde he coincidido con Mikel, con el que me he bajado a Chelva.
Mis compañeros se van a hacer el barranco de Casas Blancas, que es seco, que se lo han programado para esta tarde. Pero este ya me parece excesivo por hoy, pensando en la carrera de mañana. Lo dejamos para otro día, ¿vale? (jejeje).

En resumen: me lo he pasado como hacía años. Mejor que un gorrino revolcándose en un charco de barro. Seguro.
Gracias a la paciencia y a la ayuda de mis compañeros/as, y a su buen hacer, he podido aprender muchas cosas y técnicas nuevas. Algunas nunca hubiera imaginado que llegaría a hacerlas y menos a controlarlas con tanta rapidez y facilidad.
Y lo mejor ... cada vez me impresionan menos las alturas, llegando al punto que me bajo los rápeles sin pensar cuánto tienen de caída a plomo, aunque al principio siempre me tiemble todo. Sólo pienso en bajar como sé que debo hacerlo. Con la mente en blanco, disfrutando del momento y de lo que estoy haciendo, porque sé que va a salir BIEN. Siempre con la máxima seguridad y máxima concentración.
¡Ah! ... y, por supuesto, lo mejor son los barrancos acuáticos, aunque el barranco del Lobo me encantó. Pero, sobre todo, me gustan si además de agua, tienen algún volado. Ahí no hay pared que moleste (jajaja).

Gracias ... ha sido un día genial. Espero que repitamos pronto.

(Nuevamente, cuando Marzo me pase las fotos, os las colgaré. Mientras tanto, haced como yo: paciencia y respirad profundamente (ooommmm)).

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