Las pantagruélicas comidas, en las que uno no puede ni levantarse, no son cosa del pasado. Este sábado 6 de junio localicé, perdido en medio de la geografía turolense, un pueblecito de apenas 85 habitantes en el que hay, junto al ayuntamiento, un restaurante, que no pone ni cartel. Se llama Jabaloyas.
Por 30 €, parte de mis compañeros de excursión (4) decidieron parar a comer. Hay que llamar con antelación para que te preparen la degustación, que consiste en 14 platos de comida y 3 postres. Todo comida casera y tradicional. Algunos de esos platos (a compartir entre los 4 campeones): sartén de migas, medio cochinillo, medio cabrito al horno, rabo de toro, judía con chorizo, perdiz en escabeche con ensalada, etc. En cualquier otro sitio, dos de estos platos ya costarían los 30 euros (por cantidad y calidad). FLIPANTE.
Yo no quise participar, porque todavía me quedaban bastantes kilómetros para completar la ruta hasta Albarracín, dentro de la VIII marcha de resistencia Ademuz - Albarracín, de 65 km, pero de buena gana lo hubiera hecho. Eso sí, me tomé un carajillo de ron Pujol que me costó 1 euro. No está nada mal, sabiendo a cómo está el café por ahí.
Para completar ... tienen habitaciones por si luego no puedes moverte (o andar) o al soplar quemas el alcoholímetro (jajaja).
Los datos (apuntad, por si os pilla de paso o podéis ir adrede)
Los Diezmos - cocina tradicional (previo encargo)
C/ La Fuente s/n
44122 Jabaloyas (Teruel)
978 78 82 00 / 655 843 205
www.losdiezmos.net
lacasade@losdiezmos.net
Yo volveré en julio casi seguro. Ah! ... esto no es publicidad interesada, sino una recomendación formal, derivada de una buena experiencia, en mi caso visual.
Hay algún comentario más sobre esto aquí.
lunes, 8 de junio de 2009
domingo, 7 de junio de 2009
VIII Marcha de resistencia Ademuz - Albarracín
Pues bien, aquí estamos de nuevo con ganas de escribir, después de algunos días sin actividad, para contaros cómo ha ido esta marcha de resistencia de Ademuz a Albarracín.
Todo empieza cuando conseguí completar la MiM2009, de la cual todavía no tengo ánimos suficientes para hacer la crónica (y ya ha pasado un mes). El cachondo de Paco Pérez (Paco Zen para los amigos) me felicitó por completarla y me envió una escueta nota con unas indicaciones básicas sobre la marcha que ahora os comento desde Ademuz, deseándome que no me hubiera lesionado por demasiado tiempo. Me pareció como una nota de examen, en la que te dan el apto para "otras cosas", en "otro nivel". Cachondo del todo el tío, ¿eh?.
La marcha sugerida prometía: 65 km y +2000 m, siguiendo parcialmente el curso del río Ebrón hasta Albarracín, con parte del recorrido en seco y parte dentro del río, y sin más avituallamiento que el que fuéramos capaces de depositar en un coche que nos asistiría cada 5-10 km. Unas 15 horas en total. Una aventura.
Todo ilusionado me apunté y ha resultado impresionante. Quizá la mejor excursión en tiempo y, desde luego, la mejor de este año.
El viaje y estancia en Ademuz.
El viernes 5 fuimos Anna, Paco y yo desde Valencia a Ademuz, a casa de un amigo de Paco. Llegamos a eso de las 23:15. Allí coincidimos con el grupo de senderistas amigos del hermano de Paco, la mayoría de Sax, Onil, Elda y alrededores, conocidos como "el grupo de Sax". Buena gente, agradable y extravertida. En total 8 personas y nosotros 3, 11. Julio al final no pudo venir por problemas de espalda. Otra vez será.
Dormimos en Ademuz en una casa estrecha y alta, cerca de la plaza de la iglesia. Las escaleras debían tener su altura máxima en 1,65 metros o así, lo que me obligaba a subirlas y bajarlas con la cabeza muy baja y la espalda doblada, para no dejarme los cuernos en el techo. La puerta del cuarto de baño me llegaba, y no es broma, a la altura de los hombros, con lo que ya os podéis hacer una ligera idea. Por lo demás todo bien e incluso conseguí dormir de un tirón, gracias a unos tapones de silicona que amortiguaron el concierto de ronquidos que hacían temblar la casa.
El inicio.
El sábado 6 empezó la odisea. La hora de diana estaba fijada a las 4:00, para poder salir a las 5:00 de la mañana y aprovechar bien el día. A mí me dejaron dormir hasta las 5:45, ya que le pedí a Paco que, si no le importaba, me dejara empezar en la central eléctrica de Castielfabib, junto a la aldea de Los Santos. De esta forma, acercaba el coche y me ahorraba los primeros 12 kilómetros, que son por pista. Siempre pensando en que podría fallarme, en el total de 65 km, la rodilla o la cintilla, como las otras dos veces. En el fondo quería llegar a Albarracín y este primer trozo me lo conocía, así que prefería saltármelo y asegurarme que completaría el resto. Había que arriesgarse.
Así pues, los valientes empezaron en Ademuz por el camino al lado del río Turia hasta cerca de Torrebaja, continuando frente a Los Santos por la margen derecha del Ebrón y pasando un poco más arriba hasta la central eléctrica. Con 15 minutos de retraso sobre horario previsto, llegaron a eso de las 7:15 a la central eléctrica de Castielfabib, donde les esperaba para incorporarme a la marcha. Aparecieron 4 de los de Sax, Anna y Paco. Paco cogió entonces el coche para dejarlo cerca de Castielfabib, donde volveríamos a encontrarnos, y el resto continuamos entre huertas, pasando cerca del convento en ruinas hasta un bonito estrecho, debajo del pueblo de Castielfabib, conocido como "La Hoz". Aquí empezaba en serio la "aventura".
La Hoz del Ebrón (Castielfabib).
La Hoz es una profunda excavación que el río Ebrón ha hecho con los años sobre la toba calcárea acumulada, produciendo un profundo cañón, de poco más de 5 metros de anchura en los tramos más anchos y más de 100 m de profundidad. En su interior el agua corre con violencia y el ruido es ensordecedor. Para colmo, parte del caudal del río aguas arriba de este paso se deriva al canal de la central eléctrica, pero como éste está dañado, el caudal era máximo y la corriente mayor de la habitual. Impresionaba.
Yo ya había entrado en La Hoz de Castielfabib en 1995, creo que en julio o agosto, con Arturo García, cuando estaba de forestal por allí. No sé si se acordará. Yo perfectamente. Y había expresado al grupo en un par de ocasiones mis dudas sobre el sitio. Recordaba difusamente que era difícil pasar por allí, pero ya no estaba seguro por qué. Yo creo que todos pensaron que dudaría en una zona que hay que saltar o que pondría algún problema, pero conseguí superarlo. Todavía no me lo explico, pero así fue. Ahora veréis cómo.
La bajada a La Hoz se realiza por una ladera casi vertical, teniendo que destrepar un par de tramos de más de dos metros, agarrándose como buenamente se puede a los almeces de las orillas. No es demasiado complicado, pero es conveniente no resbalar, ya que puedes parar un poco más abajo, o precipitarte por una ladera de grava y tierra resbaladiza hasta el fondo del barranco. Una vez en el fondo, hay que caminar pegado a la pared, entre piedras que permiten un cierto apoyo plano. El primer problema aparece a 20 metros del azud de una acequia que coge sus aguas en el fondo de la Hoz, en el que debe cruzarse saltando el cauce, de algo más de un metro de anchura, pero tomando impulso sobre una roca, en posición ligeramente agachada, para caer debajo de una piedra, a menos de 1,70 m. del suelo. Como la llegada no es sencilla por la posición y es fácil resbalar al agua, que lleva mucha velocidad, la cosa pintaba mal. Aquí conseguimos saltar todos sin más novedad que algunas risas por los nervios.
El problema de verdad vino a continuación, cuando había que superar el azud de la acequia, atravesando un aliviadero que hay al lado. Como el barranco es estrecho, en este punto se construyó hace años un azud de piedra, ya colmatado, que capta agua para una acequia, que circula por un túnel excavado en la roca paralela la río y que dispone de aliviadero a 10 metros del azud. Tanto del aliviadero como del azud salía gran cantidad de agua que se precipitaban desde unos 5 metros de altura, por lo que el ruido era ensordecedor y casi no nos entendíamos al hablar. Para superar el azud y poder así continuar, había que subir desde el nivel del río hasta la acequia a través de la cortina de agua que caía del aliviadero. Cuando Paco me mostró la pared y ví a la gente de Sax subir como lagartijas por apoyos impensables bajo la cortina de agua, me entró el agobio. No me gusta la escalada, porque soy grande, pesado y no tengo demasiada potencia en los brazos. Así que la idea de hacer escalada en una pared de toba mojada y bajo un chorro de agua, sin saber dónde apoyarme, sin cuerdas y pudiendo caer sobre el río, de espaldas y entre las piedras, me pusieron la carne de gallina. De pronto, me empezó a temblar todo el cuerpo y me puse como un flan. En un momento de pánico, dije que volvía atrás. Paco intentó convencerme poniéndome debajo de la pared, junto a la caída de agua, para que pudiera ver con más detalle la subida. Casi fue peor. De pronto descubrí unas varillas de acero que parecían firmemente empotradas en la toba, pero que no dejaban de ser simples asideros donde apoyarme. No lo tenía claro. Paco pasó delante. Un pie aquí ... otro allí ... pero claro, este hombre parece otra lagartija, con tanta flexibilidad sobre la pared. Más miedo.
A continuación, una serie de fotos de la edición del año pasado, en la que se ve perfectamente la zona de aproximación y el aliviadero. Están sacadas de aquí.







Al final tuve que armarme de valor y temblando intenté cogerme a la pared y levantarme del suelo. Nada. Una segunda. Nada. Creo que a la tercera intentona me ví bajo la lluvia de agua, casi ciego, como en un diluvio, escuchando entre el ruido del río las indicaciones de Paco y a Anna dándome ánimos. Una mano aquí, un pie allá, ... Finalmente pude apoyar una rodilla al borde del aliviadero y respirar. Me acordé de la familia de todos ellos, de los presentes y los difuntos. A buena hora habría subido yo por allí si hubiera tenído una mínima posibilidad de escapar. Pero no tenía vuelta atrás (grrr).
Con el tembleque todavía en el cuerpo y sin ganas de articular palabra, empecé a desplazarme hacia arriba por aquel caos de repisas, rocas y varillas de acero empotradas. ¡¡Parecía imposible que hubiera un camino por allí!!. El aliviadero, como podíais imaginar, sólo era el principio. Más arriba me esperaban dos o tres trepadas más, ya sin agua, sin demasiada dificultad, pero con la insana imagen mental que, en caso de un fallo, un resbalón o un pequeño desliz, me hubiera precipitado al fondo del río desde más de 25 metros. ¡¡¡Mecagontodoloquesemenea!!!. ¡¡¡Qué malas jugadas nos hace la mente cuando tiende a la auto-protección!!.
No hace falta resaltar que el único que parecía realmente impresionado con la subidita era yo, porque el resto (los del Sax, Paco o Anna), subían sin más problema, volviéndose de cuando en cuando a ver si continuaba detrás de ellos o no.
El paso del barranco tengo claro que no voy a repetirlo, por más que me digan que "otro año, será más sencillo, ya veras". Ja, ja ja. Daré la vuelta por el sendero que salva este barranco, por arriba, entre campos, que es seco y seguro.
Cuesta del Rato, El Cuervo y Los Estrechos.
Todo lo malo se acaba y por fin conseguimos salir de aquel rincón insano y volvimos a la calma del camino al borde del río para continuar entre huertas y campos abandonados. Pronto vimos la aldea de la Cuesta del Rato, que dejamos a la derecha y continuamos hasta el municipio de El Cuervo (900 m), ya en la provincia de Teruel.
Pasado el pueblo, hacia la parte norte y junto al río, hay un área de descanso y una bonita fuente. Este era el lugar en el que Paco tenía programado almorzar. Allí llegamos los 7 para descansar y, sobretodo, cambiarnos la ropa por otra seca. Almuerzo frugal y otra vez en pie. Los de Sax cuentan con 2 vehículos y nosotros con 1. Finalmente lo pasamos todo a uno de los 2 coches, para que el nuestro (un Opel Kadett con 20 años) no haga tantos kilómetros. Nos esperará directamente en Albarracín conducido por Gerardo, un amigo de Paco.
Paco empieza a ponerse nervioso y nos incita a acabar pronto. Con lo calentito que se estaba aquí almorzando al sol. Ahora hay que seguir la pista que discurre alternando a ambos lados del río Ebrón hacia Tormón, pasando a través del hermoso paraje de Los Estrechos. Pronto la pista se convierte en una senda cómoda de caminar, que nos permite tener una vista completa del valle y las riberas. Los campos y huertas están abandonadas y aquí y allá aparecen corrales, aprovechando los abrigos naturales, sin ningún signo de vida humana. Todo está quedo, como congelado en una fotografía. Varias veces sentí escalofríos al ver estos parajes pobres y desolados, antes cultivados por bravas gentes que arañaban al monte dos terrones de suelo en un bancal de miseria. ¡¡Qué tiempos!!.
A cada revuelta de la senda parece que se aprestan a emboscarnos una partida de barbudos maquis, pidiendo una colaboración para la revolución. Soñadores de tiempos demasiado próximos. La belleza de este tramo es escalofriante.
De pronto el valle empieza a estrecharse. Efectivamente, pronto nos aparece un hermoso rincón en el que el río se encajona en un estrecho, por el que nos toca pasar utilizando varios tramos acondicionados con pasarelas metálicas y escaleras de madera para facilitar la visita. A pesar de ello, finalmente hay que mojarse. No hay más remedio. El río viene más crecido de lo normal. Los veteranos dicen que unos 30 cm por encima de lo "normal". Es un paso con piedras en el que tampoco quiero arriesgarme a mojar las zapatillas.
Todavía con las chanclas, continuamos por la senda un par de kilómetros más hasta el estrecho definitivo, el que le ha dado fama al paraje. Frente a nosotros aparece majestuoso un profundo cañón, con su fondo ocupado en su totalidad por el río y unos 50 metros más arriba de las paredes verticales de roca, un puente natural de toba calcárea. La vista es espectacular. Paco insiste en enseñarnos a los novatos la senda que cruza por encima del puente y permite llegar a Tormón sin mojarse. Pero ese no es nuestro camino. Tenemos que entrar en el río.
Bajamos a la orilla y nos metemos en el agua helada. Allí coincidimos con otras dos personas. Uno lleva un perro y parece ir haciendo fotos. El otro manifiesta interés en acompañarnos y se mete en el río con nosotros. No sabía de este camino.
El primer punto de entrada al río es el más complicado. Bajo el puente natural hay un par de grandes bloques de piedra que hay que superar como se pueda. Bajo ellos, una poza de agua cristalina y gélida, que cubre por encima de la cintura. Hay que hacerse el ánimo. Las lagartijas, de comportamiento ya descrito, trepan con facilidad, ayudádose animadamente a escalar. Paco opta por otro camino alternativo, pero siempre entre las piedras. Pero ... ¿y servidor?. Me he quedado el último y nuevamente con el dilema de la escalada. No encuentro apoyo para poder iniciar la subida que me inspire confianza. Vuelvo a dudar y a ponerme nervioso. Pero esto no es La Hoz. Esto es superable. Finalmente, opto por el lado "cobarde" de la subida: en un lateral, y tras superar una poza de mayor profundidad si cabe, aparece un hueco entre las piedras sobre el que puedo trepar con facilidad e introducirme entre ellas para acceder a la parte superior. Prueba superada. Creo que soy el único al que nadie ha ayudado a subir, aunque sí que lo han intentado para hacerme subir la piedra grande. Les entraba risa cada vez que lo intentaban, primero porque no acababa de arrancarme a subir y segundo sabiendo que si yo caía, me hubiera llevado a la poza a dos o tres de mis ayudantes (jajajaja).
El resto de los Estrechos es difícil de describir. Un profundo valle, a veces de más de 200 metros de paredes verticales, con un fondo de cielo azul, y poco más de 5 metros de anchura. A veces menos. En algunos tramos el agua no llega más que a los tobillos, pero lleva mucha velocidad. En otros me pasaba más allá del pecho y teníamos que estar atentos para no mojar la mochilita con los pocos objetos que interesaba llevar secos.
Gracias al bastón que llevo, pasar el río fue sencillo, ya que se podía tantear dónde pisar, que la corriente no permitía ver el fondo.
Simplemente ... ESPECTACULAR. A continuación, unas fotos de la zona, para que os hagáis una idea (desmerecen un poco). Las he vuelto a sacar de aquí.




Al llegar a Tormón nos acercamos a la denominada "Cascada del Molino". Un lugar muy bonito, que se corresponde con un impresionante azud de piedra, totalmente colmatado por la vegetación, que alimentaba un molino (a mí me pareció un batán u otro ingenio hidráulico, más que molino), desde el cual se precipita el río Ebrón. Son unos 15 metros de altura o así. Muy bonito.
Subimos a Tormón (1.050 m) y en la misma plaza hacemos una pequeña parada, picamos alguna cosa y volvemos a cambiarnos de ropa por algo que esté seco. Aquí viene el primer problema serio con el avituallamiento: no tenemos más que dos mudas y ya están completamente mojadas. Como tampoco hace calor, no se acaban de secar en el coche.
Tormón a Albarracín.
De Tormón se continúa por un sendero que llaman "Camino de las Pisadas", ruta tradicional entre esta población y Jabaloyas. Hay marcas de PR. Empieza suave hasta que baja a la Rambla de las Manaderas o de la Ose Seca, donde empieza una subida constante y que me resulta un poco fuerte, dado el ritmo que llevan algunos de los chicos de Sax.
Al llegar a Jabaloyas (1.407 m), se descubre el por qué de esta prisa. 2 de nuestros acompañantes acaban en este punto, ya que van a dedicar las fuerzas que les restan en dar cuenta de un pequeño homenaje en una casa de comidas local. La vista del banquete es tentadora, pero debo limitarme a la comida que traía preparada y que encontramos en el coche, ya que si no, no podré continuar con la marcha.
Tras un merecido descanso, continuamos hacia Valdecuenca. Pasamos por inmensos sabinares que todavía guardan los colores verdes de la primavera. Paco había insistido mucho que esta parte de la marcha no me gustaría tanto, ya que no es tan espectacular. Es cierto que falta agua y otros elementos de aventura y que vuelve a ser una marcha "normal", pero un sabinar siempre es un paisaje bonito de ver y más si se trata de uno de los más grandes en extensión de España. Nos acompaña desde Jabaloyas un perro, mitad de caza, mitad de hambre, que trota alegremente a nuestro lado. Parece nuestro guía. Nos sigue porque Paco le dió un par de trozos de pan. Pobre bicho. Alguno comenta que se quedará en Albarracín. Husmea y retoza incansable entre las matas, señalando rastros, aunque no le hacemos demasiado caso.
Valdecuenca (1.335 m) me decepciona un poco. Esperaba, con un nombre tan insigne, un pueblo algo más grande y habitado, pero no es así. Aquí nos abandona definitivamente el perrillo, que parece dudar nada más ver el pueblo en el horizonte. Adiós, compañero. En la fuente cogemos un poco de agua, ante la mirada atónita de sus vecinos que deben preguntarse "¿estos de dónde han salido?". Alguno se ríe cuando nos preguntan que a dónde vamos. Pero la risa es mayor cuando les decimos de dónde venimos. Deben pensar que estamos locos.
Cruzamos rápidamente el pueblo y salimos por la carretera dirección a Toril y pronto nos aparece otra carretera a la derecha, dirección a Saldón. Asfalto por algo más de 5 kms. Este trozo es el más feo. Nos acompaña un horizonte de lomas cubiertas de sabinar y llanos de cereal verde, lamido por la brisa.
Si Valdecuenca no me acabó de gustar, Saldón (1.400 m) es todavía peor. Situada al pie de una destacada muela, es pequeño y no se ve gente dentro. Apenas 50 casas. Sólo descubrimos un par de personas que nos miran con curiosidad. Aprovechamos para merendar un poco y rápidamente nos dirigimos hacia Albarracín.
Para llegar a Albarracín hay que superar una serie de lomas que llaman el Puntal del Quemado y el Cerro de la Nava, que rozan los 1.600 m. Aquí el paisaje ha vuelto a cambiar y domina primero el sabinar, que da paso al pinar abierto de pino albar y sabina rastrera, si bien lo más abundante son los pastizales típicos de estas zonas frías. Casi no hay árboles.
En estas alturas, nos alcanza una tormenta de las gordas. Es la segunda vez que llueve, pero ahora el frente abarca todo el horizonte a nuestra izquierda (NW) y trae un fuerte viento, que hace que llueva casi horizontal y finalmente, como colofón, el suave golpeteo del granizo. ¡¡Vaya forma de correr!!. Primero nos escondimos como pudimos bajo una sabina hasta que escampó, pero cuando ya empezábamos a bajar de nuevo la loma, frente a la Masía de La Venta, nos cayó todo un diluvio, ahora sin árboles, y los de Sax junto con Paco salieron corriendo monte traviesa y hacia abajo. Anna medio me esperó, mientras yo intentaba no acelerar, por no estropear la rodilla demasiado. Esta parte fue divertida, aunque muy pasada por agua. Tuvimos suerte que al menos la tormenta no llevaba aparato eléctrico.
En este punto empalmamos con la carretera de Albarracín a Bezas, cerca de las casetas de La Losilla Baja. En este punto nos están esperando otra vez los coches. Nos quieren convencer que abandonemos y que nos dejemos llevar hasta Albarracín. Pero no. No vamos a abandonar ahora, menos cuando ha dejado de llover.
En este punto, cogemos el GR-10, que baja por un sendero bien acondicionado, con escaleras y todo, hacia el barranco del Cabrerizo. Estamos en pleno rodeno de Albarracín y las formaciones de roca, los caos de bloques y los pinos lo cubren todo. La vista es impresionante. Es otra de las mejores partes del recorrido. Paco y un compañero han desaparecido al trote. Anna, otro compañero y yo vamos andando. A veces incluso trotamos.
A las 21:15 llegamos a Albarracín, al parking junto al puente sobre el río Turia (aquí Guadalaviar). Encima nuestro el castillo y la catedral. Perfecto colofón. Estamos cansados pero felices. Estoy calado hasta los huesos. No me duele la rodilla, aunque la noto cargada. Si no hubiera tenido que bajar las escaleras de la zona del Rodeno, siguiendo la senda, podría haber hecho otros 50 km. Pero ya hemos tenido bastante. Toca volver con una sonrisa de oreja a oreja, cansados y satisfechos. Ha sido un día grande.
Vuelta a Valencia.
Pero claro, el precio de contar con vehículo de apoyo no sale gratis. Tenemos que volver a la Cuesta del Rato, de noche, para devolver a nuestro sacrificado conductor, Gerardo, el amigo de Paco. Gracias por acompañarnos. La ruta es entre caminos que quieren ser asfaltados, aunque de asfalto sólo quedan los baches, dentro de alguno de los cuales es posible desaparecer con coche y todo. Albarracín, Bezas, Rubiales y por Tormón a Cuesta del Rato. Este trozo de carretera se hace eterno. Debe ser bonito, pero de noche no se ve nada más que baches y asfalto. Anna duerme rendida en mi hombro y yo no sé tranquilizarme y dejar de mirar la carreretera y avisar a Paco de los baches y las curvas. Me vuelvo a poner nervioso.
Luego las despedidas, la vuelta a Ademuz a devolver la llaves del piso que nos prestaron para dormir. Otros 20 minutos de eterna espera, mientras Paco hace los honores con sus amigos locales. Vuelta a Valencia por Landete, Talayuelas, Sinarcas, Requena y por la A-7 a Paterna. Llegamos a las 1:45. Realmente no sé la hora exacta, porque me dormía sin querer, por lapsos de 5 minutos, a la vez que intentaba conversar con Paco, que conducía, mientras Anna dormía en el asiento de atrás. Yo no consigo todavía explicarme cómo este hombre puede concentrarse en la carretera, cuando yo me hubiera dormido con los ojos abiertos.
El domingo 7 lo paso dormitando, ya que el cansancio no me permite que sea profundo el sueño.
Una marcha para repetir en todos los sentidos. Espero que el tiempo y la salud me permitan volver.
Lo mejor: el paisaje, la experiencia, la compañía, la temperatura, que creo que no debió pasar de los 20ºC (a veces menos de 8ºC) y los Estrechos en Tormón. Y no me ha dolido la rodilla. Se ve que el cambio de calzado se ha notado.
Lo peor: claramente, La Hoz de Castielfabib y su zona de "escalada". Riesgo innecesario. Tampoco hay fotos, pero eso ya es cosa de los participantes, especialmente de un servidor, que con las prisas y el riesgo del agua, no quise cargar con la cámara (craso error).
Paco Zen ha hecho su crónica, en su típico estilo, directo y conciso, no como yo (jejeje) (aquí).
El año pasado también hubo crónica, con algunas fotos, de donde he sacado las que he insertado aquí. Las fotos son de los álbumes de Picasa de Juan Carlos. Este y este. Supongo que no le importará.
Otras ediciones anteriores las tenéis en la crónica de Paco de este año.
Todo empieza cuando conseguí completar la MiM2009, de la cual todavía no tengo ánimos suficientes para hacer la crónica (y ya ha pasado un mes). El cachondo de Paco Pérez (Paco Zen para los amigos) me felicitó por completarla y me envió una escueta nota con unas indicaciones básicas sobre la marcha que ahora os comento desde Ademuz, deseándome que no me hubiera lesionado por demasiado tiempo. Me pareció como una nota de examen, en la que te dan el apto para "otras cosas", en "otro nivel". Cachondo del todo el tío, ¿eh?.
La marcha sugerida prometía: 65 km y +2000 m, siguiendo parcialmente el curso del río Ebrón hasta Albarracín, con parte del recorrido en seco y parte dentro del río, y sin más avituallamiento que el que fuéramos capaces de depositar en un coche que nos asistiría cada 5-10 km. Unas 15 horas en total. Una aventura.
Todo ilusionado me apunté y ha resultado impresionante. Quizá la mejor excursión en tiempo y, desde luego, la mejor de este año.
El viaje y estancia en Ademuz.
El viernes 5 fuimos Anna, Paco y yo desde Valencia a Ademuz, a casa de un amigo de Paco. Llegamos a eso de las 23:15. Allí coincidimos con el grupo de senderistas amigos del hermano de Paco, la mayoría de Sax, Onil, Elda y alrededores, conocidos como "el grupo de Sax". Buena gente, agradable y extravertida. En total 8 personas y nosotros 3, 11. Julio al final no pudo venir por problemas de espalda. Otra vez será.
Dormimos en Ademuz en una casa estrecha y alta, cerca de la plaza de la iglesia. Las escaleras debían tener su altura máxima en 1,65 metros o así, lo que me obligaba a subirlas y bajarlas con la cabeza muy baja y la espalda doblada, para no dejarme los cuernos en el techo. La puerta del cuarto de baño me llegaba, y no es broma, a la altura de los hombros, con lo que ya os podéis hacer una ligera idea. Por lo demás todo bien e incluso conseguí dormir de un tirón, gracias a unos tapones de silicona que amortiguaron el concierto de ronquidos que hacían temblar la casa.
El inicio.
El sábado 6 empezó la odisea. La hora de diana estaba fijada a las 4:00, para poder salir a las 5:00 de la mañana y aprovechar bien el día. A mí me dejaron dormir hasta las 5:45, ya que le pedí a Paco que, si no le importaba, me dejara empezar en la central eléctrica de Castielfabib, junto a la aldea de Los Santos. De esta forma, acercaba el coche y me ahorraba los primeros 12 kilómetros, que son por pista. Siempre pensando en que podría fallarme, en el total de 65 km, la rodilla o la cintilla, como las otras dos veces. En el fondo quería llegar a Albarracín y este primer trozo me lo conocía, así que prefería saltármelo y asegurarme que completaría el resto. Había que arriesgarse.
Así pues, los valientes empezaron en Ademuz por el camino al lado del río Turia hasta cerca de Torrebaja, continuando frente a Los Santos por la margen derecha del Ebrón y pasando un poco más arriba hasta la central eléctrica. Con 15 minutos de retraso sobre horario previsto, llegaron a eso de las 7:15 a la central eléctrica de Castielfabib, donde les esperaba para incorporarme a la marcha. Aparecieron 4 de los de Sax, Anna y Paco. Paco cogió entonces el coche para dejarlo cerca de Castielfabib, donde volveríamos a encontrarnos, y el resto continuamos entre huertas, pasando cerca del convento en ruinas hasta un bonito estrecho, debajo del pueblo de Castielfabib, conocido como "La Hoz". Aquí empezaba en serio la "aventura".
La Hoz del Ebrón (Castielfabib).
La Hoz es una profunda excavación que el río Ebrón ha hecho con los años sobre la toba calcárea acumulada, produciendo un profundo cañón, de poco más de 5 metros de anchura en los tramos más anchos y más de 100 m de profundidad. En su interior el agua corre con violencia y el ruido es ensordecedor. Para colmo, parte del caudal del río aguas arriba de este paso se deriva al canal de la central eléctrica, pero como éste está dañado, el caudal era máximo y la corriente mayor de la habitual. Impresionaba.
Yo ya había entrado en La Hoz de Castielfabib en 1995, creo que en julio o agosto, con Arturo García, cuando estaba de forestal por allí. No sé si se acordará. Yo perfectamente. Y había expresado al grupo en un par de ocasiones mis dudas sobre el sitio. Recordaba difusamente que era difícil pasar por allí, pero ya no estaba seguro por qué. Yo creo que todos pensaron que dudaría en una zona que hay que saltar o que pondría algún problema, pero conseguí superarlo. Todavía no me lo explico, pero así fue. Ahora veréis cómo.
La bajada a La Hoz se realiza por una ladera casi vertical, teniendo que destrepar un par de tramos de más de dos metros, agarrándose como buenamente se puede a los almeces de las orillas. No es demasiado complicado, pero es conveniente no resbalar, ya que puedes parar un poco más abajo, o precipitarte por una ladera de grava y tierra resbaladiza hasta el fondo del barranco. Una vez en el fondo, hay que caminar pegado a la pared, entre piedras que permiten un cierto apoyo plano. El primer problema aparece a 20 metros del azud de una acequia que coge sus aguas en el fondo de la Hoz, en el que debe cruzarse saltando el cauce, de algo más de un metro de anchura, pero tomando impulso sobre una roca, en posición ligeramente agachada, para caer debajo de una piedra, a menos de 1,70 m. del suelo. Como la llegada no es sencilla por la posición y es fácil resbalar al agua, que lleva mucha velocidad, la cosa pintaba mal. Aquí conseguimos saltar todos sin más novedad que algunas risas por los nervios.
El problema de verdad vino a continuación, cuando había que superar el azud de la acequia, atravesando un aliviadero que hay al lado. Como el barranco es estrecho, en este punto se construyó hace años un azud de piedra, ya colmatado, que capta agua para una acequia, que circula por un túnel excavado en la roca paralela la río y que dispone de aliviadero a 10 metros del azud. Tanto del aliviadero como del azud salía gran cantidad de agua que se precipitaban desde unos 5 metros de altura, por lo que el ruido era ensordecedor y casi no nos entendíamos al hablar. Para superar el azud y poder así continuar, había que subir desde el nivel del río hasta la acequia a través de la cortina de agua que caía del aliviadero. Cuando Paco me mostró la pared y ví a la gente de Sax subir como lagartijas por apoyos impensables bajo la cortina de agua, me entró el agobio. No me gusta la escalada, porque soy grande, pesado y no tengo demasiada potencia en los brazos. Así que la idea de hacer escalada en una pared de toba mojada y bajo un chorro de agua, sin saber dónde apoyarme, sin cuerdas y pudiendo caer sobre el río, de espaldas y entre las piedras, me pusieron la carne de gallina. De pronto, me empezó a temblar todo el cuerpo y me puse como un flan. En un momento de pánico, dije que volvía atrás. Paco intentó convencerme poniéndome debajo de la pared, junto a la caída de agua, para que pudiera ver con más detalle la subida. Casi fue peor. De pronto descubrí unas varillas de acero que parecían firmemente empotradas en la toba, pero que no dejaban de ser simples asideros donde apoyarme. No lo tenía claro. Paco pasó delante. Un pie aquí ... otro allí ... pero claro, este hombre parece otra lagartija, con tanta flexibilidad sobre la pared. Más miedo.
A continuación, una serie de fotos de la edición del año pasado, en la que se ve perfectamente la zona de aproximación y el aliviadero. Están sacadas de aquí.






Al final tuve que armarme de valor y temblando intenté cogerme a la pared y levantarme del suelo. Nada. Una segunda. Nada. Creo que a la tercera intentona me ví bajo la lluvia de agua, casi ciego, como en un diluvio, escuchando entre el ruido del río las indicaciones de Paco y a Anna dándome ánimos. Una mano aquí, un pie allá, ... Finalmente pude apoyar una rodilla al borde del aliviadero y respirar. Me acordé de la familia de todos ellos, de los presentes y los difuntos. A buena hora habría subido yo por allí si hubiera tenído una mínima posibilidad de escapar. Pero no tenía vuelta atrás (grrr).
Con el tembleque todavía en el cuerpo y sin ganas de articular palabra, empecé a desplazarme hacia arriba por aquel caos de repisas, rocas y varillas de acero empotradas. ¡¡Parecía imposible que hubiera un camino por allí!!. El aliviadero, como podíais imaginar, sólo era el principio. Más arriba me esperaban dos o tres trepadas más, ya sin agua, sin demasiada dificultad, pero con la insana imagen mental que, en caso de un fallo, un resbalón o un pequeño desliz, me hubiera precipitado al fondo del río desde más de 25 metros. ¡¡¡Mecagontodoloquesemenea!!!. ¡¡¡Qué malas jugadas nos hace la mente cuando tiende a la auto-protección!!.
No hace falta resaltar que el único que parecía realmente impresionado con la subidita era yo, porque el resto (los del Sax, Paco o Anna), subían sin más problema, volviéndose de cuando en cuando a ver si continuaba detrás de ellos o no.
El paso del barranco tengo claro que no voy a repetirlo, por más que me digan que "otro año, será más sencillo, ya veras". Ja, ja ja. Daré la vuelta por el sendero que salva este barranco, por arriba, entre campos, que es seco y seguro.
Cuesta del Rato, El Cuervo y Los Estrechos.
Todo lo malo se acaba y por fin conseguimos salir de aquel rincón insano y volvimos a la calma del camino al borde del río para continuar entre huertas y campos abandonados. Pronto vimos la aldea de la Cuesta del Rato, que dejamos a la derecha y continuamos hasta el municipio de El Cuervo (900 m), ya en la provincia de Teruel.
Pasado el pueblo, hacia la parte norte y junto al río, hay un área de descanso y una bonita fuente. Este era el lugar en el que Paco tenía programado almorzar. Allí llegamos los 7 para descansar y, sobretodo, cambiarnos la ropa por otra seca. Almuerzo frugal y otra vez en pie. Los de Sax cuentan con 2 vehículos y nosotros con 1. Finalmente lo pasamos todo a uno de los 2 coches, para que el nuestro (un Opel Kadett con 20 años) no haga tantos kilómetros. Nos esperará directamente en Albarracín conducido por Gerardo, un amigo de Paco.
Paco empieza a ponerse nervioso y nos incita a acabar pronto. Con lo calentito que se estaba aquí almorzando al sol. Ahora hay que seguir la pista que discurre alternando a ambos lados del río Ebrón hacia Tormón, pasando a través del hermoso paraje de Los Estrechos. Pronto la pista se convierte en una senda cómoda de caminar, que nos permite tener una vista completa del valle y las riberas. Los campos y huertas están abandonadas y aquí y allá aparecen corrales, aprovechando los abrigos naturales, sin ningún signo de vida humana. Todo está quedo, como congelado en una fotografía. Varias veces sentí escalofríos al ver estos parajes pobres y desolados, antes cultivados por bravas gentes que arañaban al monte dos terrones de suelo en un bancal de miseria. ¡¡Qué tiempos!!.
A cada revuelta de la senda parece que se aprestan a emboscarnos una partida de barbudos maquis, pidiendo una colaboración para la revolución. Soñadores de tiempos demasiado próximos. La belleza de este tramo es escalofriante.
De pronto el valle empieza a estrecharse. Efectivamente, pronto nos aparece un hermoso rincón en el que el río se encajona en un estrecho, por el que nos toca pasar utilizando varios tramos acondicionados con pasarelas metálicas y escaleras de madera para facilitar la visita. A pesar de ello, finalmente hay que mojarse. No hay más remedio. El río viene más crecido de lo normal. Los veteranos dicen que unos 30 cm por encima de lo "normal". Es un paso con piedras en el que tampoco quiero arriesgarme a mojar las zapatillas.
Todavía con las chanclas, continuamos por la senda un par de kilómetros más hasta el estrecho definitivo, el que le ha dado fama al paraje. Frente a nosotros aparece majestuoso un profundo cañón, con su fondo ocupado en su totalidad por el río y unos 50 metros más arriba de las paredes verticales de roca, un puente natural de toba calcárea. La vista es espectacular. Paco insiste en enseñarnos a los novatos la senda que cruza por encima del puente y permite llegar a Tormón sin mojarse. Pero ese no es nuestro camino. Tenemos que entrar en el río.
Bajamos a la orilla y nos metemos en el agua helada. Allí coincidimos con otras dos personas. Uno lleva un perro y parece ir haciendo fotos. El otro manifiesta interés en acompañarnos y se mete en el río con nosotros. No sabía de este camino.
El primer punto de entrada al río es el más complicado. Bajo el puente natural hay un par de grandes bloques de piedra que hay que superar como se pueda. Bajo ellos, una poza de agua cristalina y gélida, que cubre por encima de la cintura. Hay que hacerse el ánimo. Las lagartijas, de comportamiento ya descrito, trepan con facilidad, ayudádose animadamente a escalar. Paco opta por otro camino alternativo, pero siempre entre las piedras. Pero ... ¿y servidor?. Me he quedado el último y nuevamente con el dilema de la escalada. No encuentro apoyo para poder iniciar la subida que me inspire confianza. Vuelvo a dudar y a ponerme nervioso. Pero esto no es La Hoz. Esto es superable. Finalmente, opto por el lado "cobarde" de la subida: en un lateral, y tras superar una poza de mayor profundidad si cabe, aparece un hueco entre las piedras sobre el que puedo trepar con facilidad e introducirme entre ellas para acceder a la parte superior. Prueba superada. Creo que soy el único al que nadie ha ayudado a subir, aunque sí que lo han intentado para hacerme subir la piedra grande. Les entraba risa cada vez que lo intentaban, primero porque no acababa de arrancarme a subir y segundo sabiendo que si yo caía, me hubiera llevado a la poza a dos o tres de mis ayudantes (jajajaja).
El resto de los Estrechos es difícil de describir. Un profundo valle, a veces de más de 200 metros de paredes verticales, con un fondo de cielo azul, y poco más de 5 metros de anchura. A veces menos. En algunos tramos el agua no llega más que a los tobillos, pero lleva mucha velocidad. En otros me pasaba más allá del pecho y teníamos que estar atentos para no mojar la mochilita con los pocos objetos que interesaba llevar secos.
Gracias al bastón que llevo, pasar el río fue sencillo, ya que se podía tantear dónde pisar, que la corriente no permitía ver el fondo.
Simplemente ... ESPECTACULAR. A continuación, unas fotos de la zona, para que os hagáis una idea (desmerecen un poco). Las he vuelto a sacar de aquí.




Al llegar a Tormón nos acercamos a la denominada "Cascada del Molino". Un lugar muy bonito, que se corresponde con un impresionante azud de piedra, totalmente colmatado por la vegetación, que alimentaba un molino (a mí me pareció un batán u otro ingenio hidráulico, más que molino), desde el cual se precipita el río Ebrón. Son unos 15 metros de altura o así. Muy bonito.
Subimos a Tormón (1.050 m) y en la misma plaza hacemos una pequeña parada, picamos alguna cosa y volvemos a cambiarnos de ropa por algo que esté seco. Aquí viene el primer problema serio con el avituallamiento: no tenemos más que dos mudas y ya están completamente mojadas. Como tampoco hace calor, no se acaban de secar en el coche.
Tormón a Albarracín.
De Tormón se continúa por un sendero que llaman "Camino de las Pisadas", ruta tradicional entre esta población y Jabaloyas. Hay marcas de PR. Empieza suave hasta que baja a la Rambla de las Manaderas o de la Ose Seca, donde empieza una subida constante y que me resulta un poco fuerte, dado el ritmo que llevan algunos de los chicos de Sax.
Al llegar a Jabaloyas (1.407 m), se descubre el por qué de esta prisa. 2 de nuestros acompañantes acaban en este punto, ya que van a dedicar las fuerzas que les restan en dar cuenta de un pequeño homenaje en una casa de comidas local. La vista del banquete es tentadora, pero debo limitarme a la comida que traía preparada y que encontramos en el coche, ya que si no, no podré continuar con la marcha.
Tras un merecido descanso, continuamos hacia Valdecuenca. Pasamos por inmensos sabinares que todavía guardan los colores verdes de la primavera. Paco había insistido mucho que esta parte de la marcha no me gustaría tanto, ya que no es tan espectacular. Es cierto que falta agua y otros elementos de aventura y que vuelve a ser una marcha "normal", pero un sabinar siempre es un paisaje bonito de ver y más si se trata de uno de los más grandes en extensión de España. Nos acompaña desde Jabaloyas un perro, mitad de caza, mitad de hambre, que trota alegremente a nuestro lado. Parece nuestro guía. Nos sigue porque Paco le dió un par de trozos de pan. Pobre bicho. Alguno comenta que se quedará en Albarracín. Husmea y retoza incansable entre las matas, señalando rastros, aunque no le hacemos demasiado caso.
Valdecuenca (1.335 m) me decepciona un poco. Esperaba, con un nombre tan insigne, un pueblo algo más grande y habitado, pero no es así. Aquí nos abandona definitivamente el perrillo, que parece dudar nada más ver el pueblo en el horizonte. Adiós, compañero. En la fuente cogemos un poco de agua, ante la mirada atónita de sus vecinos que deben preguntarse "¿estos de dónde han salido?". Alguno se ríe cuando nos preguntan que a dónde vamos. Pero la risa es mayor cuando les decimos de dónde venimos. Deben pensar que estamos locos.
Cruzamos rápidamente el pueblo y salimos por la carretera dirección a Toril y pronto nos aparece otra carretera a la derecha, dirección a Saldón. Asfalto por algo más de 5 kms. Este trozo es el más feo. Nos acompaña un horizonte de lomas cubiertas de sabinar y llanos de cereal verde, lamido por la brisa.
Si Valdecuenca no me acabó de gustar, Saldón (1.400 m) es todavía peor. Situada al pie de una destacada muela, es pequeño y no se ve gente dentro. Apenas 50 casas. Sólo descubrimos un par de personas que nos miran con curiosidad. Aprovechamos para merendar un poco y rápidamente nos dirigimos hacia Albarracín.
Para llegar a Albarracín hay que superar una serie de lomas que llaman el Puntal del Quemado y el Cerro de la Nava, que rozan los 1.600 m. Aquí el paisaje ha vuelto a cambiar y domina primero el sabinar, que da paso al pinar abierto de pino albar y sabina rastrera, si bien lo más abundante son los pastizales típicos de estas zonas frías. Casi no hay árboles.
En estas alturas, nos alcanza una tormenta de las gordas. Es la segunda vez que llueve, pero ahora el frente abarca todo el horizonte a nuestra izquierda (NW) y trae un fuerte viento, que hace que llueva casi horizontal y finalmente, como colofón, el suave golpeteo del granizo. ¡¡Vaya forma de correr!!. Primero nos escondimos como pudimos bajo una sabina hasta que escampó, pero cuando ya empezábamos a bajar de nuevo la loma, frente a la Masía de La Venta, nos cayó todo un diluvio, ahora sin árboles, y los de Sax junto con Paco salieron corriendo monte traviesa y hacia abajo. Anna medio me esperó, mientras yo intentaba no acelerar, por no estropear la rodilla demasiado. Esta parte fue divertida, aunque muy pasada por agua. Tuvimos suerte que al menos la tormenta no llevaba aparato eléctrico.
En este punto empalmamos con la carretera de Albarracín a Bezas, cerca de las casetas de La Losilla Baja. En este punto nos están esperando otra vez los coches. Nos quieren convencer que abandonemos y que nos dejemos llevar hasta Albarracín. Pero no. No vamos a abandonar ahora, menos cuando ha dejado de llover.
En este punto, cogemos el GR-10, que baja por un sendero bien acondicionado, con escaleras y todo, hacia el barranco del Cabrerizo. Estamos en pleno rodeno de Albarracín y las formaciones de roca, los caos de bloques y los pinos lo cubren todo. La vista es impresionante. Es otra de las mejores partes del recorrido. Paco y un compañero han desaparecido al trote. Anna, otro compañero y yo vamos andando. A veces incluso trotamos.
A las 21:15 llegamos a Albarracín, al parking junto al puente sobre el río Turia (aquí Guadalaviar). Encima nuestro el castillo y la catedral. Perfecto colofón. Estamos cansados pero felices. Estoy calado hasta los huesos. No me duele la rodilla, aunque la noto cargada. Si no hubiera tenido que bajar las escaleras de la zona del Rodeno, siguiendo la senda, podría haber hecho otros 50 km. Pero ya hemos tenido bastante. Toca volver con una sonrisa de oreja a oreja, cansados y satisfechos. Ha sido un día grande.
Vuelta a Valencia.
Pero claro, el precio de contar con vehículo de apoyo no sale gratis. Tenemos que volver a la Cuesta del Rato, de noche, para devolver a nuestro sacrificado conductor, Gerardo, el amigo de Paco. Gracias por acompañarnos. La ruta es entre caminos que quieren ser asfaltados, aunque de asfalto sólo quedan los baches, dentro de alguno de los cuales es posible desaparecer con coche y todo. Albarracín, Bezas, Rubiales y por Tormón a Cuesta del Rato. Este trozo de carretera se hace eterno. Debe ser bonito, pero de noche no se ve nada más que baches y asfalto. Anna duerme rendida en mi hombro y yo no sé tranquilizarme y dejar de mirar la carreretera y avisar a Paco de los baches y las curvas. Me vuelvo a poner nervioso.
Luego las despedidas, la vuelta a Ademuz a devolver la llaves del piso que nos prestaron para dormir. Otros 20 minutos de eterna espera, mientras Paco hace los honores con sus amigos locales. Vuelta a Valencia por Landete, Talayuelas, Sinarcas, Requena y por la A-7 a Paterna. Llegamos a las 1:45. Realmente no sé la hora exacta, porque me dormía sin querer, por lapsos de 5 minutos, a la vez que intentaba conversar con Paco, que conducía, mientras Anna dormía en el asiento de atrás. Yo no consigo todavía explicarme cómo este hombre puede concentrarse en la carretera, cuando yo me hubiera dormido con los ojos abiertos.
El domingo 7 lo paso dormitando, ya que el cansancio no me permite que sea profundo el sueño.
Una marcha para repetir en todos los sentidos. Espero que el tiempo y la salud me permitan volver.
Lo mejor: el paisaje, la experiencia, la compañía, la temperatura, que creo que no debió pasar de los 20ºC (a veces menos de 8ºC) y los Estrechos en Tormón. Y no me ha dolido la rodilla. Se ve que el cambio de calzado se ha notado.
Lo peor: claramente, La Hoz de Castielfabib y su zona de "escalada". Riesgo innecesario. Tampoco hay fotos, pero eso ya es cosa de los participantes, especialmente de un servidor, que con las prisas y el riesgo del agua, no quise cargar con la cámara (craso error).
Paco Zen ha hecho su crónica, en su típico estilo, directo y conciso, no como yo (jejeje) (aquí).
El año pasado también hubo crónica, con algunas fotos, de donde he sacado las que he insertado aquí. Las fotos son de los álbumes de Picasa de Juan Carlos. Este y este. Supongo que no le importará.
Otras ediciones anteriores las tenéis en la crónica de Paco de este año.
viernes, 29 de mayo de 2009
Examen oral français
Enfin, j'ai fini mon premier examen de français. Il a été l'oral. Je pense qu'il a réussi bien. Le prochain mardi j'aurais les autres trois épreuves et je suis très énervé.
Carreras por montaña ignoradas por RTVV
Estos días la gente que organiza y/o participa en carreras por montaña están enviando mensajes a la televisión pública valenciana, la RTVV, para que emita, al menos, unas imágenes, un reportaje, una noticia o ALGO de la carrera por montaña que tendrá lugar en Alfondeguilla el próximo 13 de junio, puntuable para el campeonato de España de esta modalidad deportiva, organizado por la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME) y que resulta completamente desatendida por esta cadena pública de radio y televisión.
Cada día son más los deportistas que participan en carreras por montaña y es un deporte duro y apasionante, que en ocasiones raya lo extremo y que consigue enganchar. Muchos son los valencianos y las valencianas que lo han elegido como deporte principal.
La prueba en cuestión es la XXVIII Volta al Terme d'Alfondeguilla (Castelló) y ya véis ... es la 28ª edición y vienen de toda España a correrla. No es cualquier cosa.
Quizá el problema es que no es un deporte masivo, ni requiere de grandes fastos e innecesarias inversiones. Es relativamente barato, se practica en poblaciones del interior y lo mueven intereses no lucrativos, ni especuladores. Lo organizan clubes de montaña, siempre carentes de recursos, pero con mucha ilusión y trabajo voluntario, sin más remuneración que una sonrisa o una mueca de agradecimiento de los corredores al final del esfuerzo.
Estoy convencido que este deporte no es más popular debido a su dureza y al importante nivel físico que hay que tener, ya que las pruebas no suelen ser de menos de 20 km y monte a través por sendas y caminos, en plena montaña, monte arriba y monte abajo. Sólo para los más preparados, por eso merecen un poco de atención, que son deportistas de fondo de alto nivel, que huyen del asfalto, atraidos por la inmensidad de la montaña.
Aquí la nota para RTVV, a al cual me suscribo por completo:
En la Comunitat Valenciana som milers els aficionats i practicants de las curses per montanya. Modalitat esportiva que en els darrers anys ha experimentat un creixement molt important tant en nombre de corredors com en nombre de proves. La televisió pública que tots els valencians sufragem no deu seguir ignorant aquest tipus de manifestació esportiva que uneix, com poques, duresa i espectacularitat pel nivell d'esforç que desenvolupen els participants per l'única recompensa d'arribar a la meta i la bellesa de l'entorn on es desenvolupa, les nostres estimades montanyes.
Només un exemple, el proper dia 13 de juny, en Alfondeguilla, amb ocasió de la XXVIII edició de la Volta al Terme de Fondeguilla, es celebrarà el “campeonato de España de carreras por montaña”. Prova del màxim nivell que, ens sembla, serà absolutament ignorada per RTVV.
Les espectaculars imatges que podrien captar las càmaras de televisió, el reflexe del generós i agònic esforç que tots els participants realitzen, i principalment, l'interés d'un important nombre de valencians i valencianes, mereixen l'atenció d'aquesta, la nostra, televisió. Per això sol·licite que retransmitisquen o realitzen extensos resúms de curses per montanya en els espais d'esports que emeten les televisions valencianes.
Ah! ... y felicidades al personal del Club Castro de Alfondeguilla por el trabajo de promoción del deporte de montaña que hacen, abierto a todos. Son los organizadores de la conocida y bien temida "Volta al Terme". He pasado buenos y malos momentos con ellos.
Cada día son más los deportistas que participan en carreras por montaña y es un deporte duro y apasionante, que en ocasiones raya lo extremo y que consigue enganchar. Muchos son los valencianos y las valencianas que lo han elegido como deporte principal.
La prueba en cuestión es la XXVIII Volta al Terme d'Alfondeguilla (Castelló) y ya véis ... es la 28ª edición y vienen de toda España a correrla. No es cualquier cosa.
Quizá el problema es que no es un deporte masivo, ni requiere de grandes fastos e innecesarias inversiones. Es relativamente barato, se practica en poblaciones del interior y lo mueven intereses no lucrativos, ni especuladores. Lo organizan clubes de montaña, siempre carentes de recursos, pero con mucha ilusión y trabajo voluntario, sin más remuneración que una sonrisa o una mueca de agradecimiento de los corredores al final del esfuerzo.
Estoy convencido que este deporte no es más popular debido a su dureza y al importante nivel físico que hay que tener, ya que las pruebas no suelen ser de menos de 20 km y monte a través por sendas y caminos, en plena montaña, monte arriba y monte abajo. Sólo para los más preparados, por eso merecen un poco de atención, que son deportistas de fondo de alto nivel, que huyen del asfalto, atraidos por la inmensidad de la montaña.
Aquí la nota para RTVV, a al cual me suscribo por completo:
En la Comunitat Valenciana som milers els aficionats i practicants de las curses per montanya. Modalitat esportiva que en els darrers anys ha experimentat un creixement molt important tant en nombre de corredors com en nombre de proves. La televisió pública que tots els valencians sufragem no deu seguir ignorant aquest tipus de manifestació esportiva que uneix, com poques, duresa i espectacularitat pel nivell d'esforç que desenvolupen els participants per l'única recompensa d'arribar a la meta i la bellesa de l'entorn on es desenvolupa, les nostres estimades montanyes.
Només un exemple, el proper dia 13 de juny, en Alfondeguilla, amb ocasió de la XXVIII edició de la Volta al Terme de Fondeguilla, es celebrarà el “campeonato de España de carreras por montaña”. Prova del màxim nivell que, ens sembla, serà absolutament ignorada per RTVV.
Les espectaculars imatges que podrien captar las càmaras de televisió, el reflexe del generós i agònic esforç que tots els participants realitzen, i principalment, l'interés d'un important nombre de valencians i valencianes, mereixen l'atenció d'aquesta, la nostra, televisió. Per això sol·licite que retransmitisquen o realitzen extensos resúms de curses per montanya en els espais d'esports que emeten les televisions valencianes.
Ah! ... y felicidades al personal del Club Castro de Alfondeguilla por el trabajo de promoción del deporte de montaña que hacen, abierto a todos. Son los organizadores de la conocida y bien temida "Volta al Terme". He pasado buenos y malos momentos con ellos.
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martes, 19 de mayo de 2009
Declaració d'Olot
Hoy me han hecho llegar la "Declaració d'Olot", que tiene fecha de 16 de mayo de 2009, que el Consorci Forestal de Catalunya ha presentado para rescatar al sector forestal de la crisis. Es curioso que reclamen únicamente 6M € para Cataluña, a la vista de los gastos inverosímiles que "otras administraciones" realizan en grandes fastos y eventos. Es una cantidad pequeña, a sabiendas de los positivos resultados que repercuten sobre toda la sociedad en general (aire, paisaje, fauna, flora, población rural, etc.) y no sobre unos pocos.
Pero bueno ... para ser político hay que estar hecho de una pasta que no sé dónde la fabricarán y ellos son los que toman las decisiones (¿o no?).
Os inserto la declaración completa, que está bastante bien.
_______________
DECLARACIÓ D'OLOT - CONSORCI FORESTAL DE CATALUNYA
DECLARACIÓ D'OLOT - CONSORCI FORESTAL DE CATALUNYA
Enmig d’un moment de crisi que afecta molt intensament tant al sector productor com a la indústria de primera transformació de la fusta, des del Consorci Forestal de Catalunya volem recordar al Govern, en primer lloc, les principals conclusions del Congrés Forestal celebrat a Tarragona el setembre de 2007.
Entre els punts que van destacar dels debats i del treball dut a terme per les 82 entitats que impulsaven la iniciativa i pels 400 participants a l’esdeveniment volem senyalar:
- El consens sobre la importància del bosc com a gran infraestructura verda que crea treball i riquesa a nivell de país,
- el perill que suposa l’abandonament de la gestió forestal sostenible a l’hora de garantir la preservació i millora dels espais forestals, abandonament vinculat, principalment, a la manca d’un mercat capaç d’absorbir la quantitat de fusta que creix i s’acumula als nostres boscos, i a l’incompliment reiterat dels compromisos econòmics per fer possible tant els treballs com les inversions que donin també una oportunitat al sector forestal.
- La necessitat de generalitzar la planificació i la gestió sostenible del bosc com a camí únic i obligat per respondre als reptes ambientals i socials dels espais naturals,
- i la càrrega que ha suposat la manca d’un projecte i una política forestal compartida i capaç de donar la estabilitat necessària a inversions i treballs que tenen un retorn – quan hi és – a llarg termini
Destaquem aquests punts precisament per la seva vigència i importància especial en un moment que les restriccions pressupostàries amenacen en deixar en segon terme els compromisos de l’administració forestal vers un sector compromès amb la gestió i millora del nostre entorn.
Dit això, en primer lloc volem felicitar l’acord de col·laboració signat entre el Departament de Medi Ambient i Habitatge amb les organitzacions del sector, per mobilitzar la fusta malmesa per les tempestes i ventades d’aquest hivern.
Entre els punts que van destacar dels debats i del treball dut a terme per les 82 entitats que impulsaven la iniciativa i pels 400 participants a l’esdeveniment volem senyalar:
- El consens sobre la importància del bosc com a gran infraestructura verda que crea treball i riquesa a nivell de país,
- el perill que suposa l’abandonament de la gestió forestal sostenible a l’hora de garantir la preservació i millora dels espais forestals, abandonament vinculat, principalment, a la manca d’un mercat capaç d’absorbir la quantitat de fusta que creix i s’acumula als nostres boscos, i a l’incompliment reiterat dels compromisos econòmics per fer possible tant els treballs com les inversions que donin també una oportunitat al sector forestal.
- La necessitat de generalitzar la planificació i la gestió sostenible del bosc com a camí únic i obligat per respondre als reptes ambientals i socials dels espais naturals,
- i la càrrega que ha suposat la manca d’un projecte i una política forestal compartida i capaç de donar la estabilitat necessària a inversions i treballs que tenen un retorn – quan hi és – a llarg termini
Destaquem aquests punts precisament per la seva vigència i importància especial en un moment que les restriccions pressupostàries amenacen en deixar en segon terme els compromisos de l’administració forestal vers un sector compromès amb la gestió i millora del nostre entorn.
Dit això, en primer lloc volem felicitar l’acord de col·laboració signat entre el Departament de Medi Ambient i Habitatge amb les organitzacions del sector, per mobilitzar la fusta malmesa per les tempestes i ventades d’aquest hivern.
Malauradament aquesta és una mesura important però no suficient. Per donar compliment al compromís del conseller de Medi Ambient vers als afectats per les nevades i les ventades i fer possible la realització dels treballs de recuperació i neteja de boscos, cal un augment de 3 M€ del pressupost de l’Ordre de catàstrofes naturals.
Aquesta mesura, urgent per evitar l’empitjorament de la situació i l’augment del risc d’incendis catastròfics, s’ha de complementar amb 3M€ addicionals per evitar una retallada i aturada de les feines vinculades a la gestió sostenible en boscos particulars. També en el marc del Congrés, el Departament de Medi Ambient i Habitatge va anunciar la voluntat de fer un pas important endavant proposant un projecte engrescador que havia de dotar de més autonomia i capacitat al Centre de la Propietat Forestal (CPF). Una eina que, tot i que no s’ha desenvolupat com cal, ha esdevingut el puntal pel desenvolupament d’una gestió forestal moderna que permet combinar les millors tècniques en matèria forestal, amb la participació i compromís per part dels propietaris – silvicultors.
Des del Consorci considerem que l’avantprojecte que ha de modificar la Llei del CPF i crear el nou Centre Català de la Gestió Forestal ha de respectar i reforçar encara més els principis que van inspirar aquesta Llei:
a) concentrar les competències vinculades a la gestió forestal,
b) augmentar la capacitat i autonomia de funcionament,
c) millorar la flexibilitat i agilitat,
d) i avançar en la participació i corresponsabilització de la propietat forestal (tant pública com privada)
La proposta actual no pot fer un pas enrere en aquest sentit sinó tot el contrari.
Aquesta mesura, urgent per evitar l’empitjorament de la situació i l’augment del risc d’incendis catastròfics, s’ha de complementar amb 3M€ addicionals per evitar una retallada i aturada de les feines vinculades a la gestió sostenible en boscos particulars. També en el marc del Congrés, el Departament de Medi Ambient i Habitatge va anunciar la voluntat de fer un pas important endavant proposant un projecte engrescador que havia de dotar de més autonomia i capacitat al Centre de la Propietat Forestal (CPF). Una eina que, tot i que no s’ha desenvolupat com cal, ha esdevingut el puntal pel desenvolupament d’una gestió forestal moderna que permet combinar les millors tècniques en matèria forestal, amb la participació i compromís per part dels propietaris – silvicultors.
Des del Consorci considerem que l’avantprojecte que ha de modificar la Llei del CPF i crear el nou Centre Català de la Gestió Forestal ha de respectar i reforçar encara més els principis que van inspirar aquesta Llei:
a) concentrar les competències vinculades a la gestió forestal,
b) augmentar la capacitat i autonomia de funcionament,
c) millorar la flexibilitat i agilitat,
d) i avançar en la participació i corresponsabilització de la propietat forestal (tant pública com privada)
La proposta actual no pot fer un pas enrere en aquest sentit sinó tot el contrari.
Per últim volem fer èmfasi també en el paper estratègic i fonamental que ha de desenvolupar el mercat de la biomassa forestal.
El foment de la biomassa com a font d’energia implica l’aprofitament d’un recurs local, natural i renovable que pot donar sortida tant a una gran quantitat de fusta que actualment queda al bosc com a subproductes de la indústria de primera transformació i que pot fer créixer un mercat cada vegada més ensopit i estancat per la manca de competitivitat i de capacitat de valorar un producte que acaba quedant a bosc.
Tot i així l’aprofitament de la biomassa forestal tant per usos tèrmics com per usos elèctrics implica la creació d’un nou mercat que, tot i les directrius clares per impulsarlo tant a àmbit estatal com a casa nostra, costa d’arrencar tant per la manca d’un incentiu econòmic suficient, com per l’extrema complexitat dels tràmits administratius que s’exigeixen a aquest tipus de projectes.
Actualment preveiem que, pel que fa a la biomassa llenyosa, el compliment dels objectius previstos en el Pla de l’Energia de Catalunya per l’any 2010 (180,9 milers de tones equivalents de petroli) no arribi ni al 10%. Davant d’aquesta situació cal que tant el procés de revisió actual del PEC com la revisió del Pla General de Política Forestal coordinin les mesures necessàries per donar un tomb a la situació actual. Per facilitar la seva discussió i posada en funcionament, des del Consorci proposem l’elaboració d’un Pla d’Acció específic per la dinamització de la biomassa forestal a Catalunya.
Lògicament, aquest pla d’acció ha de comptar amb la participació tant de les diferents administracions implicades com de les organitzacions del sector.
El foment de la biomassa com a font d’energia implica l’aprofitament d’un recurs local, natural i renovable que pot donar sortida tant a una gran quantitat de fusta que actualment queda al bosc com a subproductes de la indústria de primera transformació i que pot fer créixer un mercat cada vegada més ensopit i estancat per la manca de competitivitat i de capacitat de valorar un producte que acaba quedant a bosc.
Tot i així l’aprofitament de la biomassa forestal tant per usos tèrmics com per usos elèctrics implica la creació d’un nou mercat que, tot i les directrius clares per impulsarlo tant a àmbit estatal com a casa nostra, costa d’arrencar tant per la manca d’un incentiu econòmic suficient, com per l’extrema complexitat dels tràmits administratius que s’exigeixen a aquest tipus de projectes.
Actualment preveiem que, pel que fa a la biomassa llenyosa, el compliment dels objectius previstos en el Pla de l’Energia de Catalunya per l’any 2010 (180,9 milers de tones equivalents de petroli) no arribi ni al 10%. Davant d’aquesta situació cal que tant el procés de revisió actual del PEC com la revisió del Pla General de Política Forestal coordinin les mesures necessàries per donar un tomb a la situació actual. Per facilitar la seva discussió i posada en funcionament, des del Consorci proposem l’elaboració d’un Pla d’Acció específic per la dinamització de la biomassa forestal a Catalunya.
Lògicament, aquest pla d’acció ha de comptar amb la participació tant de les diferents administracions implicades com de les organitzacions del sector.
Olot, a 16 de maig de 2009
lunes, 18 de mayo de 2009
Se nos ha ido un compañero
Se nos ha ido un compañero. Se llamaba Alfred Mechó Martínez. Era agente medioambiental en Castelló, creo que por la zona de Peñíscola. Aprobó en la última oposición, tras un interinaje de 7 u 8 años.Por lo visto, ayer se lo encontraron muerto. Me he enterado hace una hora.
La verdad es que una cosa así siempre provoca una cierta desazón, aún sin estar seguro de conocerlo.
Sería peor si así fuera, claro, porque en lugar de desazón la sensación sería más amarga.
Me han comentado que habrá un oficio religioso en Vinarós, en la iglesia Santa Magdalena el miércoles 20 a las 18:00.
Muchos ánimos para su familia y amigos.
sábado, 16 de mayo de 2009
El barranco del Regajo, Titaguas - Aras (Valencia)
Pues aquí estamos de nuevo, después de otra excursión acorde con la filosofía del "pensat i fet", aunque esta no salió todo lo bien que podía haber salido. Pero bueno, no se puede tener todo.
Hace unos años (creo que en el 98) hice junto con Julio, Juan y creo que Sergiete, un barranco muy chulo entre los término de Aras y Titaguas, que llaman Barranco del Regajo o de la Hoz. Se trata de un profundo barranco, de unos 8 kilómetros de longitud, con paredes verticales de más de 350 metros de desnivel y unos 150 de anchura máxima, en el que casi siempre circula agua, y que cuenta con varias pozas llenas de agua, con cierta profundidad. Es perfecto para bajarlo, ya que no requiere cuerdas ni técnicas especiales de barranquismo, aunque pueden utilizarse, si se desea, ya que pude contar unos 4 rappel, pero de poca dificultad (máximo 15 metros) y fácilmente evitables por los márgenes del barranco.
Lo que sí que no es evitable es acabar probando el agua. Hay una poza en la que obligatoriamente hay que sumergirse. Afortunadamente el agua ayer no estaba demasiado fría, puede que porque el ambiente rondaba los 20ºC y el contraste con la temperatura del agua no era grande.
El barranco acaba desembocando en el río Turia, por su margen izquierda, cerca de las áreas recreativas de La Caballera y El Molino Quemado (El Molinillo), que tienen buen acceso por pista de tierra, por lo que puede dejarse un coche allí abajo y el otro en la carretera. Se pueden aprovechar los paelleros para hacer después una torrada, que no fue el caso esta vez.
La bajada empieza en una curva de la carretera CV-35 (Valencia-Ademuz), aproximadamente en el kilómetro 94 y pico, en el que hay una curva pronunciada con un puente, para salvar un barranco. Cerca del puente aparcamos el coche y nos metimos en el barranco, armados con un bote impermeable para meter las llaves del coche, cámara de fotos, documentación y otras pertenencias. Empezamos algo tarde (10:45), teniendo en cuenta que habíamos quedado al final del recorrido con Mikel, que tenía que recogernos cerca de El Molinillo entre las 13:00 y las 13:30 y que nos tuvo finalmente que esperar.
Al principio el recorrido es muy sencillo y coincide con el SL-CV 22 hasta el empalme con el GR-37 (unos 2 kilómetros). A continuación estos senderos vuelven a Aras y el descenso se realiza sin posibilidad de pérdida, pero sin sendas laterales por las que poder sortear las dificultades del barranco.
Problemas
El primer problema es un dique de corrección que hay en medio del barranco, que acumula muchos áridos (principalmente arena) y que ha acumulado una densa vegetación. Es posible pasarlo por el lado izquierdo (siempre mirando hacia el sentido que baja el agua, claro).
El siguiente problema es una poza que encontramos en una curva, que se puede sortear saltando desde 3 metros y pico a su interior. El fondo estaba limpio y parecía segura, pero no nos apetecía probar el agua tan pronto, así que intentamos sortearla por el lateral. Lo intentamos primero por la derecha, pero acabamos ganando mucha altura y sin posibilidad de volver al cauce sin caer rodando ladera abajo. Peligroso. Al final, optamos por pasarla por la izquierda, que era la primera opción que teníamos, aunque inicialmente la desechamos. El descenso es sencillo, pero hay que hacerlo con precaución.
Más adelante encontramos una poza que sólo podía sortearse entrando en ella. Es decir: bañándose. Yo la recordaba más grande y que tuve que nadar, pero ahora, con menos de 15 metros de diámetro, me pareció un obstáculo menor, casi una roña. Me armé de valor y al entrar en el agua, resbalé de forma que me bañé casi por completo, aunque solamente cubría hasta el ombligo. El problema de esta poza fue que hacia el final (después de 10-15 metros por dentro del agua), había un gran depósito de arena y cieno, de forma que se me clavó la pierna más allá de la rodilla, con el riesgo que suponía, ya que no tenía punto de apoyo para sacarla si me quedaba atascado. Fue un momento de pánico, porque veíamos que no podríamos continuar bajando el barranco, pero al final pudimos sortear esta zona pasando por una piedra cubierta de zarzas, en el lateral izquierdo. Sin comentarios de cómo quedaron piernas y brazos.
Como remate, cuando faltaban menos de 500 metros para el punto de encuentro, nos apareció un terreno pantanoso, cubierto de una densa vegetación y cada vez más barro. Era otro dique de corrección, en el que perdimos más de media hora intentando salvar 300 metros, a base de subir por las márgenes, resbalar varias veces, pincharnos con zarzas y juncos y andar esquivando el fango y el agua, para no hundirse. Aquí encontramos al desesperado Mikel que nos llamaba con un silbato, pensando que algo nos habría pasado. Es una buena idea llevar un silbato en el monte: no hay que chillar y te oyen a mucha distancia.
Las sensaciones han sido buenas y la experiencia interesante. La memoria es un poco traidora y yo creía recordar un barranco con menos agua (que seguro que había menos, ya que era verano) y con pozas más grandes y profundas, con el fondo cubierto por una losa de piedra, salpicada de pozas de agua, y sobre la que había que ir dando saltitos para no mojarse.
Pero la verdad ha resultado bien diferente y es que había mucha agua (a veces demasiada) y la losa de piedra de mi memora era ahora un depósito constante de arena y fango, cubierto por una densa selva de vegetación que lo ocupaba casi todo, resultando complicado en demasiadas ocasiones avanzar por el fondo, dudando dónde poner los pies y clavando muchas veces las zapatillas en el barro. La hora de salida y la penosidad en el desplazamiento, han hecho que llegáramos al punto de encuentro en el camino de La Mailesa al Molinillo (o Molino Quemado), donde cruza el barranco, pasadas las 14:45, para desesperación de quien estaba esperándonos (más de 75 minutos de retraso).
El resto de la tarde de comida y charreta por Chelva.
Lo mejor: La compañía y el sitio. Es muy bonito y con agua por todos lados. Es un barranco sencillo y con muchas pozas para poder disfrutar.
Lo peor: El estado de la vegetación y las grandes bolsas de barro y cieno que se acumulaban en algunos tramos, obligando a clavar las piernas hasta la rodilla para poder avanzar. Las zarzas siguen reclamando un cariño no correspondido, que deja profundas marcas por piernas y brazos. El recorrido, aunque corto, se hace largo en tiempo y es necesario contar con un vehículo en El Molinillo para que nos recoja.
Hace unos años (creo que en el 98) hice junto con Julio, Juan y creo que Sergiete, un barranco muy chulo entre los término de Aras y Titaguas, que llaman Barranco del Regajo o de la Hoz. Se trata de un profundo barranco, de unos 8 kilómetros de longitud, con paredes verticales de más de 350 metros de desnivel y unos 150 de anchura máxima, en el que casi siempre circula agua, y que cuenta con varias pozas llenas de agua, con cierta profundidad. Es perfecto para bajarlo, ya que no requiere cuerdas ni técnicas especiales de barranquismo, aunque pueden utilizarse, si se desea, ya que pude contar unos 4 rappel, pero de poca dificultad (máximo 15 metros) y fácilmente evitables por los márgenes del barranco.
Lo que sí que no es evitable es acabar probando el agua. Hay una poza en la que obligatoriamente hay que sumergirse. Afortunadamente el agua ayer no estaba demasiado fría, puede que porque el ambiente rondaba los 20ºC y el contraste con la temperatura del agua no era grande.
El barranco acaba desembocando en el río Turia, por su margen izquierda, cerca de las áreas recreativas de La Caballera y El Molino Quemado (El Molinillo), que tienen buen acceso por pista de tierra, por lo que puede dejarse un coche allí abajo y el otro en la carretera. Se pueden aprovechar los paelleros para hacer después una torrada, que no fue el caso esta vez.
La bajada empieza en una curva de la carretera CV-35 (Valencia-Ademuz), aproximadamente en el kilómetro 94 y pico, en el que hay una curva pronunciada con un puente, para salvar un barranco. Cerca del puente aparcamos el coche y nos metimos en el barranco, armados con un bote impermeable para meter las llaves del coche, cámara de fotos, documentación y otras pertenencias. Empezamos algo tarde (10:45), teniendo en cuenta que habíamos quedado al final del recorrido con Mikel, que tenía que recogernos cerca de El Molinillo entre las 13:00 y las 13:30 y que nos tuvo finalmente que esperar.
Al principio el recorrido es muy sencillo y coincide con el SL-CV 22 hasta el empalme con el GR-37 (unos 2 kilómetros). A continuación estos senderos vuelven a Aras y el descenso se realiza sin posibilidad de pérdida, pero sin sendas laterales por las que poder sortear las dificultades del barranco.
Problemas
El primer problema es un dique de corrección que hay en medio del barranco, que acumula muchos áridos (principalmente arena) y que ha acumulado una densa vegetación. Es posible pasarlo por el lado izquierdo (siempre mirando hacia el sentido que baja el agua, claro).
El siguiente problema es una poza que encontramos en una curva, que se puede sortear saltando desde 3 metros y pico a su interior. El fondo estaba limpio y parecía segura, pero no nos apetecía probar el agua tan pronto, así que intentamos sortearla por el lateral. Lo intentamos primero por la derecha, pero acabamos ganando mucha altura y sin posibilidad de volver al cauce sin caer rodando ladera abajo. Peligroso. Al final, optamos por pasarla por la izquierda, que era la primera opción que teníamos, aunque inicialmente la desechamos. El descenso es sencillo, pero hay que hacerlo con precaución.
Más adelante encontramos una poza que sólo podía sortearse entrando en ella. Es decir: bañándose. Yo la recordaba más grande y que tuve que nadar, pero ahora, con menos de 15 metros de diámetro, me pareció un obstáculo menor, casi una roña. Me armé de valor y al entrar en el agua, resbalé de forma que me bañé casi por completo, aunque solamente cubría hasta el ombligo. El problema de esta poza fue que hacia el final (después de 10-15 metros por dentro del agua), había un gran depósito de arena y cieno, de forma que se me clavó la pierna más allá de la rodilla, con el riesgo que suponía, ya que no tenía punto de apoyo para sacarla si me quedaba atascado. Fue un momento de pánico, porque veíamos que no podríamos continuar bajando el barranco, pero al final pudimos sortear esta zona pasando por una piedra cubierta de zarzas, en el lateral izquierdo. Sin comentarios de cómo quedaron piernas y brazos.
Como remate, cuando faltaban menos de 500 metros para el punto de encuentro, nos apareció un terreno pantanoso, cubierto de una densa vegetación y cada vez más barro. Era otro dique de corrección, en el que perdimos más de media hora intentando salvar 300 metros, a base de subir por las márgenes, resbalar varias veces, pincharnos con zarzas y juncos y andar esquivando el fango y el agua, para no hundirse. Aquí encontramos al desesperado Mikel que nos llamaba con un silbato, pensando que algo nos habría pasado. Es una buena idea llevar un silbato en el monte: no hay que chillar y te oyen a mucha distancia.
Las sensaciones han sido buenas y la experiencia interesante. La memoria es un poco traidora y yo creía recordar un barranco con menos agua (que seguro que había menos, ya que era verano) y con pozas más grandes y profundas, con el fondo cubierto por una losa de piedra, salpicada de pozas de agua, y sobre la que había que ir dando saltitos para no mojarse.
Pero la verdad ha resultado bien diferente y es que había mucha agua (a veces demasiada) y la losa de piedra de mi memora era ahora un depósito constante de arena y fango, cubierto por una densa selva de vegetación que lo ocupaba casi todo, resultando complicado en demasiadas ocasiones avanzar por el fondo, dudando dónde poner los pies y clavando muchas veces las zapatillas en el barro. La hora de salida y la penosidad en el desplazamiento, han hecho que llegáramos al punto de encuentro en el camino de La Mailesa al Molinillo (o Molino Quemado), donde cruza el barranco, pasadas las 14:45, para desesperación de quien estaba esperándonos (más de 75 minutos de retraso).
El resto de la tarde de comida y charreta por Chelva.
Lo mejor: La compañía y el sitio. Es muy bonito y con agua por todos lados. Es un barranco sencillo y con muchas pozas para poder disfrutar.
Lo peor: El estado de la vegetación y las grandes bolsas de barro y cieno que se acumulaban en algunos tramos, obligando a clavar las piernas hasta la rodilla para poder avanzar. Las zarzas siguen reclamando un cariño no correspondido, que deja profundas marcas por piernas y brazos. El recorrido, aunque corto, se hace largo en tiempo y es necesario contar con un vehículo en El Molinillo para que nos recoja.
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miércoles, 13 de mayo de 2009
Periódico en francés
Buscando, buscando, me he encontrado esto en francés. Es un periódico digital que tiene buena pinta y me sirve para practicar un poco, ahora que soy capaz de entenderlo y todo (jajaja).
Además ... hablan de Chulilla, Chelva y el Turia ... qué más puedo pedir?. Un listening? (jajaja)
http://www.lecourrier.es/2009/05/les-chemins-escarpes-de-chulilla/
Además ... hablan de Chulilla, Chelva y el Turia ... qué más puedo pedir?. Un listening? (jajaja)
http://www.lecourrier.es/2009/05/les-chemins-escarpes-de-chulilla/
lunes, 4 de mayo de 2009
Marató i Mitja 2009 ... allá vamos
Pues bien, al final me he apuntado. Dorsal 1333. Qué número más mono. Había 1500 plazas, así que si me espero un poco más, me quedo sin plaza.
Ahora no tengo excusa para no salir. A ver si se porta la rodilla para ese día, que supongo que serán más de 13 horas y media andando. Me lo tomaré con muuuuucha filosofía y ya veremos.
Quizá sea una buena forma de confirmar que muy bien de la cabeza no debo andar.
Acordaos de mí para darme fuerza y ánimos.
Ahora no tengo excusa para no salir. A ver si se porta la rodilla para ese día, que supongo que serán más de 13 horas y media andando. Me lo tomaré con muuuuucha filosofía y ya veremos.
Quizá sea una buena forma de confirmar que muy bien de la cabeza no debo andar.
Acordaos de mí para darme fuerza y ánimos.
sábado, 2 de mayo de 2009
Piragua en Benagéber
Ayer me dió la volá y decidimos irnos a Benagéber a navegar un poco por sus aguas con una piragua. Es la mejor alternativa, ya que no quiero trabajar la rodilla. En la empresa Aventuria, situada en Fuente Muñoz, en una isla en el embalse de Benagéber, nos proporcionaron un chaleco y una embarcación del tipo travesía individual para cada uno. 4 horas por el precio de 3, es decir, 30 € cada uno. No está mal.
Me hizo gracia cuando fuimos a recoger la piragua, que nos vió el chaval un bote estanco y sorprendido preguntó y le dijimos que era para que no se nos mojara el contenido, que dentro iba la comida y no era plan. Nos dijo que parecíamos profesionales.



La navegación muy chula y desestresante. Excepto que debía remar más del lado derecho, sin querer, porque cada vez que me aceleraba, se giraba la barca hacia la izquierda. Un cachondeo. Nos movimos hacia la cola del embalse, que está casi a tope y subimos hasta el refugio de Tartalona. La comida en el refugio del Barranco Salinas. Todavía nos faltó un trozo hasta Zagra, pero no nos daba tiempo a más.
Yo nunca había hecho piragua en aguas tranquilas y es muy diferente a la de aguas bravas. Más relajada y puedes permanecer seco más rato (jejeje). Volvíamos a las 19:30 a Valencia, cansados pero contentos. Hoy me duele el brazo de tanto remar. Dolorido, pero con una sonrisa de tonto tontísimo. Parezco un crío.
Me hizo gracia cuando fuimos a recoger la piragua, que nos vió el chaval un bote estanco y sorprendido preguntó y le dijimos que era para que no se nos mojara el contenido, que dentro iba la comida y no era plan. Nos dijo que parecíamos profesionales.
La navegación muy chula y desestresante. Excepto que debía remar más del lado derecho, sin querer, porque cada vez que me aceleraba, se giraba la barca hacia la izquierda. Un cachondeo. Nos movimos hacia la cola del embalse, que está casi a tope y subimos hasta el refugio de Tartalona. La comida en el refugio del Barranco Salinas. Todavía nos faltó un trozo hasta Zagra, pero no nos daba tiempo a más.
Yo nunca había hecho piragua en aguas tranquilas y es muy diferente a la de aguas bravas. Más relajada y puedes permanecer seco más rato (jejeje). Volvíamos a las 19:30 a Valencia, cansados pero contentos. Hoy me duele el brazo de tanto remar. Dolorido, pero con una sonrisa de tonto tontísimo. Parezco un crío.
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